martes, 25 de marzo de 2014

Viaje al Centro de la Tierra




            El fin de semana pasado me dirigí al teatro UC a presenciar este espectáculo. En primera instancia mi motivación de ir fue por saber quienes eran los responsables de la creación del montaje. El ex grupo La Troppa, quienes después de 18 años, en manos de Laura Pizarro y Juan Carlos Zagal, vuelven a remontarla con un elenco nuevo, siendo el cuento de Julio Verne "Viaje al centro de la tierra", el elemento esencial de la obra. 
          Hay personas que creen que las películas nunca superan los libros, que de hecho matan la ilusión que uno se había creado al leer. Y, ¿en teatro? ¿cómo será? ¿matara la imaginación que nos creamos del cuento? El teatro a diferencia del cine no tiene efectos mágicos que parezcan completamente reales, no es posible llevar al escenario un volcán de verdad o un globo aerostático gigante que sostenga a dos personas. ¿Cómo solucionan esa magia del libro en escena la compañía? ¿Logran sostener la obra a través del juego que proponen o decae ante los ojos de los espectadores? 
          Sin embargo, antes de hacerme todas esas preguntas, iba confiada en que no me decepcionaría mi elección de obra, ya que conozco el trabajo que hizo el Grupo la Troppa con Gemelos y conozco lo que hacen actualmente, tanto Teatro Cinema (Laura Pizarro y Juan Carlos Zagal) como Viaje Inmóvil (Jaime Lorca). Mi intuición no me traicionó. Lo más probable es que no se encuentre entre una de mis obras favoritas, pero eso es algo poco relevante, ya que se ve un claro trabajo colectivo en este montaje. Se ve calidad actoral, creación de personajes, personas dedicadas que no dejan pasar ningún detalle al azar. Está lleno de magia que se logra con elementos precisos. Escenográficamente solo hay una parte de una locomotora, la cual es grande y lo suficientemente ingeniosa para crear otras realidades, se abren ventanas, los actores pueden ingresar dentro de ella por orificios que parecen solo los tubos de humo, para aquellas escenas más alejadas de la realidad de un teatro solucionan con la manipulación de muñecos. Es un espectáculo que se sostiene de principio a fin. Uno agradece enormemente cunado ve a personas que dedican y entregan el 100% de su trabajo, de su vida en el escenario, acá ocurre eso.        

viernes, 15 de noviembre de 2013

Teatro ciego: 360. Buenos Aires.



Hace mucho tiempo que no escribo sobre obras teatrales. No significa que dejé de ver teatro o que todo lo que he visto no es digno de una reflexión, sino que no he encontrado tiempo para escribir.
Quiero compartir una experiencia inolvidable que viví el segundo fin de semana de noviembre. Por primera vez en mis 23 años conocí Buenos Aires, con el fin de ver teatro. En 3 días visité 5 obras, de las cuales, 4 fueron dignas de ser mostradas y vistas y 1 fue una pérdida de tiempo, por decirlo de manera elegante.
Hoy les contaré de la obra “Teatro ciego: 360”.
Por la información que busqué antes de elegir las obras, ésta en particular me llamó mucho la atención, porque por primera vez leía que personas no videntes eran capaces de dar un espectáculo al público general. Tenía muchas ganas de saber qué era la propuesta de este grupo, cómo se enfrentarían a un teatro a través de la percepción, a excepción de la vista, qué era lo que querían transmitirnos, contarnos. Fue la obra que más quería de ver por ser algo completamente distinto y algo nunca visto en Chile. Sin embargo, todas aquellas expectativas en cuestión de segundos se derrumbaron. En primer lugar, nos hicieron esperar 1 hora para que la función comenzara, ¡1 hora!, no menor, ya que la función estaba programada a la 1:00 am, es decir, en la madrugada. Segundo, toda aquella espera la tuvimos que hacer descalzos, nos pasaron una bolsa de basura para guardar nuestras pertenencias y zapatos, dándonos a cambio una especie de bolsas de pabellón para ponernos en los pies. Refrío seguro. Por lo menos mis acompañantes y yo terminamos enfermos. Al abrir sala tuvimos que entrar por grupos agarrados de los hombros en fila. Una vez dentro, no se veía absolutamente nada, todos parados, escuchando risas y conversaciones nerviosas de los espectadores.
El espectáculo no pretendía contar una historia lineal, solo ponían sonidos al azar, como un zapping radial, se escuchaba un choque, música, ruidos, sonidos diversos, rociaban el lugar con perfume, fue algo completamente carente de sentido, sin una preocupación real hacia el público, y, a criterio mío, es ahí donde radica el grave error: la poca importancia y la poca comodidad que le ofrecieron al espectador.
Como estaba oscuro, los agarrones no faltaron, personas que se aprovechan de la no visión para agarrar el trasero o las pechugas de las personas que por accidente chocaban, pasaban o simplemente estaban en un lugar.
La verdad, me decepcionó demasiado este espectáculo, que de espectacular no tenía nada. Se agradece la iniciativa, pero en calidad deben poner ojo. Si le quitan la vista al espectador ¿qué es lo que le regalan? ¿Cuál es la experiencia? ¿Llevarse un agarrón gratuito? ¿Provocar rechazo? Lo más curioso, es que los ejecutores de la obra, sabiendo que pasan esas situaciones desagradables al interior del espectáculo, no hacen nada al respecto, solo al inicio advierten, pero no se encargan de solucionar el problema con acciones concretas.
Creo que si este grupo se pusiera como objetivo realizar un espectáculo para el otro, en donde ese ser se convierta en el protagonista, brindándoles una experiencia real única, comodidad, respeto por el horario, respeto hacia ellos mismo, cuidarlos, velar por su bienestar y regalarles un momento que los marque como persona, dejarles una huella, sería algo que todos agradeceríamos y desearíamos volver y compartir ese encuentro. 

domingo, 13 de octubre de 2013

Conversaciones: Un juego sobre el futuro.


             Un día de la semana, sin predisponerme a encontrar algo interesante, me topé con el evento de “Conversaciones sobre el futuro”, únicas cuatro funciones, por el festival de primavera de la Universidad Arcis. Sin pensarlo me anoté para ir a verla el día sábado.
                El semestre pasado escuché varios comentarios de personas que la habían visto y daban buenas referencias de ella. Esa fue mi principal motivación para asistir. Creo que es primera vez que voy al teatro con expectativas altas, quizás no tan altas, y que la obra no me decepciona. Aquello no tiene que ver con algo antojadizo, sino que veo reflejada en la puesta en escena problemáticas, temáticas, que a mí me interesan. Sí, es algo personal, que quizás no todos compartan, pero quiero darles a conocer mi visión.
                Al comienzo se inicia con una proyección, música y voz en off. Lo más interesante para mí de aquella introducción es el tema, lo que hablan. ¿Qué tan verdad es lo que nos plantean? ¿Realmente estamos viviendo una guerra tecnológica? ¿Estamos en un proceso de apocalipsis? ¿Y la felicidad? ¿Dónde queda la felicidad y el amor? A veces creo que en tiempos pasados, siglos anteriores, las personas eran más felices que ahora, quienes disfrutaban de las cosas simples de la vida, maravillándose con la naturaleza misma, experimentando sentimientos profundos, donde lo instantáneo era impensable. Hoy, ¿quién disfruta de ir a una plaza o parque y simplemente sentarse en el pasto y mirar a su alrededor? ¿Quién tiene el privilegio de complacerse leyendo un libro en un espacio de naturaleza? Hoy nadie tiene tiempo de vivir, nadie tiene tiempo de regocijarse, mientras más cómodos estén es mejor para ellos, se les impuso externamente en sus pensamientos que “ojalá que en su propia casa existiera todo lo necesario para vivir”. Creo que ese pensamiento es totalmente errado, sí, es mucho más fácil tener todo a nuestro alcance, así no invertimos energías en conseguir lo que queremos, en término material, pero, como bien dice un comercial de la televisión (no recuerdo cual es): “Felicidad es movimiento”. Creo firmemente en ese enunciado, porque las veces que soy más feliz, en donde realmente disfruto reírme, es cuando estamos en movimiento, cuando bailamos, cuando saltamos, cuando corremos y jugamos, cuando recordamos que en algún periodo de nuestras vidas fuimos niños y anhelamos ese momento para poder volver a sentir aquello inexplicable que llamamos felicidad. No creo que la responsabilidad, de lo anteriormente planteado, recaiga totalmente en el “sistema” o en el “capitalismo” o en la “sociedad en la que vivimos”, siempre, en toda circunstancia, en toda relación, la responsabilidad es compartida, el individuo también tiene un compromiso, ya que uno puede decidir qué hacer y qué no hacer, parte desde uno querer cambiar el mundo y tener la necesidad de contagiar a nuestro círculo de seres queridos para que ayuden en ese cambio positivo.
                Volviendo a la obra en sí, me parece interesante el juego que plantean, esto “liviano”, cercano a las personas, y lo “denso”, lo que es o lo que uno cree que es una obra de teatro. Van y vienen, juegan, mezclan, todo con un hilo conductor visible. También nos dan libertad, ellos nos entregan un material y nosotros decidimos con que nos quedamos y con que no. Debo confesar, que las escenas “densas”, por llamarlas de alguna manera, no les presté mayor atención, porque para mí no es un modo que me interese. Por el contrario, las escenas “livianas”, que en realidad, para mí no lo fueron, estaban llenas de dinamismo, de un diálogo fresco, improvisado, amable, compatible, cercano al público; me parecieron entretenidas y atrapantes para el espectador, ellos entraban de manera total y fácil al juego. Y, ¡qué mejor que ocurra eso en el teatro!, si en el fondo uno hace teatro para el otro, para un público, para personas, no para uno mismo como actor. Agradezco que en la obra nos hagan interactuar con la persona de al lado, el relacionarme con un alguien que no conozco, el darle mi mamo a otro y confiar. Gracias por considerar el concepto de la sorpresa e improvisación a través de la invitación de una persona sorpresa, en el cual también recae el contenido, ritmo y la energía que adquiera la función en particular. Gracias por poner en escena un ser vivo inofensivo e ingenuo, el perro, llenando de vida y magia con su espontánea participación. Simplemente: Gracias por entregarme una experiencia única e irrepetible, viva en el aquí y el ahora, llena de momentos agradables, de risas incontrolables y de una reflexión que puede ser tan profunda como liviana, dependiendo de las ganas y capacidad que tenga el espectador presente.              

PD: Como recomendación a la compañía: ojo con la sala, el sonido y la proyección vocal, en particular, me costó escuchar debido a la música muy fuerte. Como no todas las salas tienen buena acústica, es importante que aquello lo tengan en cuenta tanto los actores, para una mayor articulación y apoyo, como dirección, ya que el invitado sorpresa no siempre conocerá las técnicas vocales, por lo tanto puede que no apoye su voz y/o no articule al hablar, se escuchara menos que los actores.  



jueves, 5 de septiembre de 2013

Uz, el pueblo.

Uz, el pueblo. Teatro Nacional.
           Hace unas semanas me dirigí al estreno de “Uz, el pueblo” en el Teatro Nacional, frente a la Moneda. Al llegar me entere qué obra veríamos y me sorprendí, ya que el año pasado vi el mismo texto montado en la escuela por un curso de 3er año bajo la dirección de Raúl O.
                Al ser testigo de dos montajes diferentes, con equipos de trabajo totalmente distinto, pude notar que el elemento en común, es decir, el texto, es un componente potente, único, en donde se reconoce un notorio trabajo del dramaturgo, Gabriel Calderón[1], quien es capaz de guiar una puesta en escena a través de sus palabras expresadas por los distintos personajes. Creo que no es casual que la estética de ambos montajes visto sean parecidos, con la misma idea base y eso se genera gracias a las pistas que el autor plasma al momento de su creación.
                Ahora, hablando de la puesta en escena vista recientemente en el Teatro Nacional, resaltan de manera reiterativa lo sexual, enfocando el humor desde ese punto de vista principalmente. La dramaturgia en si ya nos acerca a ese punto, ya lo muestra, entonces ¿es necesario exacerbar ese rasgo al momento del accionar de los actores? ¿No sería más interesante dar a conocer el lado oculto que esconde la dramaturgia a través de lo que hacen los actores en escena? ¿No se supone que la idea es enriquecer con profundidad más que rellenar con el mismo material? A pesar de todas esas preguntas que me surgen de manera particular, debo mencionar que se aprecia de manera clara el trabajo dedicado al montaje y eso se evidencia no solo en el resultado, sino que en las ganas que tiene cada uno de los actores al momento de enfrentar una escena, lo dan todo, lo pasan increíble, se nota que ninguno está ahí por obligación, sino que están porque quieren y eso siempre lo agradezco como espectador, ya que es ese punto (quizás de manera inconsciente) que me hace pensar: “fui a un lugar donde valió la pena ir, invertí de manera útil el dinero de la entrada y mi tiempo”.    
                Para finalizar, quiero mencionar que me llamó mucho la atención ver a 3 egresados de “Arde Troya”[2] en el montaje de “Uz, el pueblo”. Al saber que el director, Adel Hakim, es el mismo en ambos proyectos (Uz y Arde Troya), me queda claro el por qué están en ese lugar, y no lo digo desde el “chaqueteo”, muy por el contrario, se ve trabajo en aquellos recién egresados, se ven ganas de querer hacer teatro, se nota que están en ese lugar porque quieren asumir el compromiso que significa montar una obra y creo que es demasiado valorable la decisión del director de incorporar actores jóvenes y no solo eso, sino que ponerlos en diálogo con actores ya consagrados, que tienen ya una trayectoria reconocible. Qué ganas que eso pasara más seguido en la escena local, juntar en un montaje a distintas generaciones. No sólo los jóvenes aprenden de los que ya tienen experiencia en el cuerpo, sino que aquéllos, también aprenden de una generación mucho más jóvenes y, por lo tanto, ambas partes comienzan a conocer otra mirada, otro punto de vista.



[1] Dramaturgo uruguayo.
[2] Montaje realizado el año 2012 en la Universidad Finis Terrae para egresar a estudiantes de la Universidad de Chile.

domingo, 11 de agosto de 2013

Más que teatro: Un Testimonio.




El viernes recién pasado, me dirigí a la Facultad de Teatro de la Universidad de Chile, Morandé 750, para ver la obra “Torre 5”, bajo la dirección de Jacqueline Roumeau. La principal motivación de aceptar esta invitación fue conocer el trabajo que realiza Jacqueline, ya que ella es la fundadora y presidenta ejecutiva de CoArtRe = Corporación Cultural de Artistas por la Rehabilitación y Reinserción Social a través del Arte[1]. Esta fundación que lleva 15 años operando en Chile y ellos buscan “que las personas provenientes de la marginalidad, estigmatizados por haber permanecido en un centro penitenciario, vivan un profundo proceso de rehabilitación a través de una experiencia artística. Una vez fuera de los recintos penales, ofrecerles apoyo psicológico y social, en conjunto con oportunidades concretas de capacitación laboral y habilitación para el trabajo.”[2]  
En este caso, “Torre 5”, no es un montaje realizado por personas privadas de libertad, es, por el contrario, protagonizado por los familiares reales de las víctimas del incendio de la cárcel de San Miguel, el cual ocurrió el 8 de diciembre de 2010, es decir, es un tema contingente que involucra a Chile y, por lo tanto, a todos sus ciudadanos. Conociendo estos antecedentes, uno se enfrenta desde otro lugar al montaje. En lo personal y a grandes rasgos, me llamaron la atención dos puntos:
   1-      La puesta en escena como un trabajo teatral, artístico y profesional, en donde lo técnico es analizado: Actoralmente se notaban de manera clara muchas diferencias entre los actores, ejemplo, se veían unos con más confianza que otros, algunos con más presencias que otros, unos con más facilidad vocal que otros, algunos más ágiles que otros, etc. El mecanismo o estilo del montaje me causó ruido, me dio la sensación que quisieron utilizar el estilo “brechtiano”, pero me surgieron varias preguntas ¿Los actores son consciente de eso? ¿Aquello es una decisión del colectivo o un capricho de dirección? ¿Ellos entiende el objetivo de esa puesta en escena y no otra? ¿Qué es lo que conocen como Brecht? Creo que el querer copiar lo que en algún momento pasado funcionó, es un error que muchas personas no ven, que no se cuestionan, porque pasa desapercibido, no podemos obviar el contexto en el que vivimos, lo ideal es, si queremos trabajar con un teórico o con una metodología de un maestro del pasado, agarrar ese material como referente, leerlo y re-decodificarlo, traerlo al presente pero con modificaciones, acordes al siglo y país en el que vivimos. No sé como habrá sido el proceso de creación de esta obra, pero creo que estos detalles técnicos que acabo de mencionar son solo unos detalles, que casi tienen cero importancias a la hora de discutir (aunque sí creo que es un aporte para la compañía, de manera constructiva), porque el punto fuerte es el siguiente.
   2-      El contenido: La dramaturgia se centra en la recopilación de testimonios reales, la cual se entrelaza con las opiniones de las familias víctimas respecto al hecho en concreto, a la negligencia y las posibles causas de aquello. Nos habla de un Chile siglo XXI, con problemas propios y no copiados de un teatro griego o de un Shakespeare. Frente a esto, simplemente doy las GRACIAS. Artaud decía que si una obra de teatro es capaz de remecer al espectador, de fragmentarlo, de tocarlo en lo más profundo de su alma, aunque fuera por un segundo, lograba su objetivo y vaya que es difícil que pase eso. “Torre 5” logró fragmentarme y no sólo por un segundo. El saber que las personas que están ahí paradas en el escenario son realmente los padres de aquellos que aparecen en las fotos de conmemoración, es un momento demasiado fuerte: ver el rostro de esas personas en escena, que no solo están representando, sino que están viviendo de manera real aquel dolor, sin importar que la tragedia haya pasado hace casi 3 años, porque un hijo es un hijo y el dolor de perderlo jamás se olvidará, siempre se tendrá presente el acontecimiento mostrando esa experiencia en la piel y en los ojos, como una huella imborrable. Acusan de negligencia a un gobierno que no se hizo cargo, ¿y el resto de los ciudadanos? ¿Por qué no apoyan la causa? Esta vez les tocó a esas 81 familias pasar por esa tragedia, pero quizás en un futuro nosotros necesitemos ese apoyo. Esa lógica que opera hoy en el mundo es tan errada y egoísta: “si no me pasa a mi no me preocupo”, ¿Dónde está la buena voluntad? ¿Dónde está la humanidad? ¿Dónde está el apoyar al otro? Cada día que pasa me decepciono más de las personas que habitan este mundo, de cómo nos tratan/tratamos.
          Lo más emocionante de esta obra es ver que las personas en escenas tienen más que ganas de hacer lo que están haciendo, eso se agradece enormemente. A pesar de que son personas que tienen poco conocimiento teatral se toman en serio este proyecto, se esfuerzan por realizar de manera profesional su rol en el grupo y lo logran. Este es un ejemplo para los actores y actrices, los que ya lo son y los que están en formación, porque la mejor obra no es la que tiene un ostentoso aparataje tecnológico, ni brillantes actuaciones, ni el trabajo más profesional del mundo, sino que, la mejor obra es la que tiene alma, la que tiene ganas infinita de vivir función tras función y “Torre 5” es una de ellas, es una puesta en escena con alma, vida, testimonio, hay sangre a la hora de construir este maravilloso montaje. ¡Qué ganas que en Chile se mostraran más obras así! Con un tema original, nuevo, creación colectiva, que se preocupe por la sociedad, que nos involucre a todos y sobre todo con ALMA, GANAS y VIDA.    






[2] Información copiada textual de un tríptico entregado en la función, el cual explica lo que es CoArtRe. También se puede encontrar en su página web, mencionada anteriormente. 

viernes, 2 de agosto de 2013

MÁS ALLÁ DEL CASO ADN



       El jueves recién pasado, me dirigí, junto a Soledad al estreno de una obra llamada “Más allá de toda duda razonable”. Sin información y sin expectativas llegué al Teatro La Aurora, ubicado en Avenida Italia. Luego de una larga espera y conversación, entramos a la sala, la cual estaba repleta, incluso pusieron sillas extras. 
      Una vez comenzada la obra, después de unos segundos de ver lo que proponían, me pregunté ¿Esto es realismo? ¿Es necesario que ocupen el tiempo cotidiano para darnos a entender una acción que comprendimos al medio segundo de verla? ¿Qué es lo que yo como espectador quiero ver? ¿Qué es lo que otras personas del público quieren ver? ¿Qué es lo que el/los artista/s quieren mostrar? ¿Por qué hacer realismo en teatro? ¿En qué aporta el realismo en el teatro? ¿No es más interesante el realismo en cine con los distintos juegos que es posible que la cámara tome? ¿Por qué en Chile se insiste en realizar un teatro realista si sabemos que al otro lado de la cordillera lo realizan de manera excepcional y nosotros no hacemos nada para que los argentinos vengan a enseñarnos a hacer esa maravilla? La verdad es que me costó entrar en el juego que proponía la obra. Quizás sea por el nerviosismo del estreno. Probablemente a lo largo de la temporada se afirmen en cuanto a tiempos y seguridad. Sin embargo, una vez acabada la obra, no puedo catalogarla como realista, sino como una puesta en escena que ocupa elementos realistas y, evidentemente, también ocupa otros recursos, como el hablar directamente al público, el cambiar la escenografía de posición para evocar otro lugar-espacio, la incorporación de la tecnología, lo audiovisual.
    Sé que todos los elementos de una puesta en escena deben ser igualmente cuestionados, justificados e importantes. Pero, ¿qué es lo que uno valora al ir a ver una puesta en escena? ¿Qué es lo realmente importante para el espectador? Esas respuestas son totalmente subjetivas, ya que dependen de quién es el espectador que responde y su historia de vida. Indudablemente no es lo mismo recibir esta obra si usted es una persona involucrada de manera directa en el Caso ADN[1], a una persona que no tiene idea lo pasó y se viene a enterar con este montaje de aquel acontecimiento terrible para el país.  
     Sin lugar a dudas, quiero destacar y valorar la apuesta que toma esta compañía por el tema abordado, mostrándonos un lado B del Caso ADN, un lado B de lo que salió en las noticias de manera “objetiva”, aunque entendemos que esa “objetividad” va de la mano con la línea editorial del canal o diario o medio (por lo tanto, ¿es realmente objetivo?). Realizan una dramaturgia que juega con la realidad, la ficción, la ironía, el suspenso, el doble discurso: Amo mi familia, daría todo por mi familia, pero me cago en las otras familias del mundo; siendo, a mi juicio, lo más rescatable, que nos cuentan una historia sin decirlo todo, nos invitan a completar de manera entendible el final. Y es ahí donde quiero detenerme un momento, en el final de la obra, ya que creo que es uno de los puntos más fuertes: es esperanzadora y un modo de justicia para las reales víctimas involucradas. Leyendo las noticias es repugnante saber que a los reales responsables de las muertes de esos seis niños cumplen condena con cuatro años de libertad vigilada ¿qué es eso? ¿Dónde está la real justicia? ¿No se supone que uno no puede atentar contra la vida de un individuo? Ellos pusieron en peligro a muchas personas, más de 50 y ¡mataron a 6!, aún así están libre como cualquier ciudadano limpio, ¿qué pasa en Chile? ¿Cuál es la justicia real? ¿Basta con un par de millones de pesos para zafar de la cárcel? ¿Nadie piensa en las víctimas? ¿Cómo les devuelven a sus hijos muertos? ¿Cómo se recuperan del daño grave provocados en otras personas? El final “ojo por ojo, diente por diente” es mucho más esperanzador que el que ofrece el sistema en el que estamos inmersos.




[1] Ejecutivos del Laboratorio Braun acusados de delito contra la salud pública por ser conscientes de que un producto (suplemento alimenticio) tenía una falla en cuanto a su composición, menos potasio de lo necesario, provocando la muerte de 6 menores y muchos otros con daños graves.

martes, 25 de junio de 2013

El Chicago Chileno


El sábado pasado mis papás me invitaron a ver la mega producción chilena, “Chicago, el musical”. Debo confesar que iba con expectativas demasiado altas, quería ver algo realmente de calidad, que valiera la pena esa enorme cantidad de plata pagada por cada asiento en el Teatro Las Condes.
Ese mismo día, dedicaron en las noticias de las 14:00 horas, un espacio para hablar de este evento, los cuales estaban marcados de positividad, opiniones de personas que habían asistido a ver el espectáculo y quedaron maravillados. Quizás es verdad que es buena – pensé después de ver aquello.
Luego de esperar mucho tiempo para estacionar el auto, me dirigí a la entrada del teatro, estaban llamando por última vez para ingresar a la sala, a si que baje corriendo las escaleras y me reuní con mis papás. Ingresamos, el teatro lleno, literalmente lleno, hasta los palcos. Luego de unos minutos de espera, que fueron como 15 – lo  cual no es menor – comenzó la función: Katty Kowaleczko como la presentadora de Chicago, ella intervenía varias veces dentro del espectáculo para explicar de manera muy grafica lo que veríamos. Se veía gran producción en cuando a escenografía, vestuario, maquillaje, aparataje. Se escuchaba un gran trabajo vocal en relación al canto. Las coreografías (bailes) dejaban mucho que desear, al igual que las actuaciones y la dramaturgia. Quiero hacer un punteo explicando cada uno de mis enunciados anteriores.

1- La dramaturgia: Al inicio de la obra, la presentadora nos comenta que esta obra que veremos sucedió en otro país, que no es Chile. Entonces, ¿por qué pretenden chilenizar el texto? ¿Por qué abusan de los garabatos como “bromas” o “sucesos chistosos”? ¿Por qué se contradicen? ¿Para qué dicen que esto no pasa en Chile y lo chilenizan? ¿Si querían chilenizarlo por qué no le cambiaron los nombres a los personajes? No se escuchó un trabajo dramatúrgico decidido, con ideas claras, en relación a una ideología (y no hablo de política) y eso se nota de sobremanera cuando aparecen garabatos en el texto, buscan el chiste fácil, no son capaces de generar estrategias en los diálogos, para que la risa del espectador se genere desde otro lugar, desde lo humano y no desde lo vulgar.
   2-      La coreografía: DECEPCIÓN. No tengo otra palabra para ocupar en este ítem. No puedo creer que siendo un musical se haya confeccionado una coreografía fome y mala. Fome, porque los movimientos parecían en cámara lenta, como si a cada bailarín (y no es menor eso, ya que se trabajó con BAILARINES PROFESIONALES) le costara de sobremanera levantar a su compañera o levantar una pierna o hacer un paso, los cuales se veían muy sencillos. En ningún momento hubieron pasos arriesgados, mortales o que atentaran contra su vida, lo único extremo visto fue un par de ruedas, que por lo cierto, estaban muy mal ejecutadas. Digo mala, porque se notaba la mala ejecución de los pasos, no sé si fue falta de ensayo, desconcentración, un grupo no afiatado, la verdad no sé, pero los bailarines no estaban coordinados en todo momento, se observaron varias veces que se perdían y eso se hizo notorio al final, en la coreografía de Velma y Roxie, claramente las actrices no iban a la par, se notaba que Daniela Lhorente (Velma) tenía más energía física, realizando movimientos más precisos en comparación con Sigrid Alegría (Roxie), quien se veía más débil, perdiéndose en la coreografía llegando a “improvisar” de manera notoria. Sin embargo, la mayor responsable de este ítem es Karen Connolly, quien fue la directora coreográfica del espectáculo. Con este montaje no me queda más que pensar que ella (Connolly) es una persona sobrevalorada y obsoleta, porque lo que vi no está a nivel de algo excelente, solo a un nivel suficiente.
3-   El Canto: Creo que es el fuerte de esta presentación. Se ve un gran trabajo vocal para el canto, se ve preparación y se notan las horas de ensayo en este ítem. Todos los actores cantan en vivo, son ayudados por micrófonos, pero cantan en vivo y en algunos casos también “bailan” cantando. Creo que este es un punto logrado gracias al trabajo dedicado. Quiero destacar la participación de Andrés Sáez, quien es el gran cantante que tiene este musical, se ve un gran trabajo y no solo vocal, sino también en la creación de su personaje. Además, quiero destacar el gran trabajo que realiza la orquesta en vivo, que es la base de esta puesta en escena.
4-   Producción: Se ve la gran cantidad de dinero que tenían para llevar a cabo este musical. Se ven demasiados vestuarios mandados a hacer, algunos con muchos brillantes, otros más sencillos. Una gran escenografía, movible y modificable. Habían muebles específicos y contextualizados. Además el hecho de tener “rostros de televisión” trabajando en esta producción significa que desembolsaron grandes sumas de dinero para pagarles a ellos y ahí surge una pregunta, ¿se enfocaron en tener “rostros televisivos” para que fuera rentable realizar este musical, para que las personas asistieran, en vez de enfocarse en realizar algo de calidad? ¿Por el hecho de desembolsar grandes sumas de dinero a los “rostros”, no les quedó más que contratar a esos bailarines y no a los mejores de Chile? Me da la sensación que las personas enfocadas a la producción y a la venta comercial son muy poco inteligentes y flojos, porque buscan la manera más fácil de vender un producto, creen que por el hecho de tener “rostros televisivos” están listos e hicieron el negocio perfecto, pero no se dan cuenta que existen personas que si reclaman por calidad. En lo personal no me importa pagar mucha plata en un producto, siempre y cuando sea de un nivel excelente, si me ofrecen baile, música y actuación, deben haber personas que sean excelentes en esas tres áreas y no personas que “vendan”, porque para la próxima vez que se haga un musical con las mismas personas que realizaron Chicago, no hablo de los actores, hablo de la productora, los directores, dramaturgos o adaptadores, todo el equipo que está detrás de lo visible, yo no iría, ni aunque costara 3000 pesos la entrada, no volvería a perder mi tiempo en algo fome y malo con mucha producción.    
5-  Las actuaciones: Los bailarines son bailarines, y si quieren ponerlos a actuar debieron haber elegido con pinzas a las personas, la mayoría de los bailarines que actuaron se notaban forzados, con poca verdad, realizando una maqueta, formales, algunos con problemas vocales, pero como ocupaban micrófonos “pasaban piola”, la única bailarina que logró actuar de manera natural, a mi juicio, fue Casandra Day. Ahora hablando de los actores, contratados para ser los principales de la historia creo que dejan mucho que desear, porque no se ve una profundización ni búsqueda en las particularidades de cada personaje expuesto. Solo llegan a lugares reconocibles, recalcando lo que ya hemos visto, no hay nada nuevo. Los únicos que destacan por sobre el resto es Andrés Sáez, de quien ya comenté y Danila Lhorente. A ella en particular la destaco por la energía escénica que posee, creo que era una de las actrices más completa, canta muy bien, se mueve con energía y precisión, y su actuación no fue brillante, pero cumplía. Creo que el trabajo de Gonzalo Muñoz fue uno de los que más gustó al público. Su ejecución fue muy bien hecha, sin embargo creo que tocaba un lugar común, ya visto, como el resto de los compañeros. En resumen, fueron actuaciones ejecutadas de manera aceptable, pero no excelente, no nos entregaban nada nuevo, tocaban lugares y actuaciones reconocibles.

     Creo que es válido que exista teatro y espacios para todo tipo de productos y de personas que quieran consumirlo. Mi único pero es la calidad, yo quiero que exista la mejor calidad en productos artísticos, que se demuestre en ese ámbito que Chile ya no quiere ser más un país de mediocres, “crezcamos chicos”, pensemos en grande, no solo en tener dinero y poder, pensemos en grande para destrozar y sorprender al de al lado con temáticas, con visualidades, con arte de calidad.